utodidacta en todo el sentido informal, jovial y ocurrente de la palabra. Formal-mente cinéfilo, realizador de par de cortos, eterno escritor de par de largos, “profesor de guión” y guionista de series infantiles.
Para los interesados en una “hazaña” o validación pública, algo de qué preciarse por su renombre o dedicación invertida, así solo sea un cartón para hacer bulto en la hoja de vida, seguramente queden insatisfechos con una inofensiva maestría en “escrituras creativas”; pero es justo precisar que no hay currículum, por des-lumbrante que sea, suficiente para proclamar autoridad en el extenso tema de esta experiencia que vivimos, de la que trata este texto, de la que cada disciplina estudia apenas alguna de sus muchas particularidades. Sin autoridad o profe-sión regentes en el tema, resulta aceptable, para opinar con suficiente criterio sobre esta experiencia que compartimos todos, lo que muchos pueden ostentar en este “tiempo”: la fortuna de tener más avanza-dos conocimientos que Galileo, Newton
Darwin, Freud, Einstein y todos aquellos que tuvieron la desventaja de haber aplicado su vida a descubrir lo que “ahora” es apenas una pequeña porción del conocimiento general; el que se comienza a aprender en el colegio y se puede seguir afinando el resto de la vida, en las aulas o textos de todas las áreas del conocimiento, no solo confinándose, como es la conve-niente costumbre, a un área específica.